Gwyl y glaniad

 La fiesta de desembarco del otro lado del mundo.

En Gales cada año se celebra en un punto distinto, este año la cita fue en Aberteifi, ubicado en el suroeste del condado de Ceredigion.

Allí se reunieron un grupo de galeses nativos, y algunos patagónicos que se arrimaban al calor de un abrazo, un saludo, un intercambio de palabras que se dejaban pronunciar con un denotado sabor a tango. Para el asombro de los presentes aquellos rostros nuevos podían entablar una conversación sin problema en el viejo idioma galés que tanto lucharon nuestros abuelos por conservar, y que hoy con mezcla de nostalgia y alegría se vuelve a pronunciar, resaltando entre la pulcritud de lo conocido.

152 años pasaron desde que aquellos aventureros decidieron adentrarse al inquieto y frío mar, dejando atrás todo lo conocido para formar allí en un lejano rincón del sur de un país desconocido, esa patria nueva, donde pudieran profesar su fe, hablar su idioma, izar su bandera. 

"El Mimosa tenía tan solo cuatro botes salvavidas para unas treinta personas, lo cual significaba una  fracción pequeña de la tripulación que realizó el viaje; solo gente con un temple especial tiene el valor de subirse a un viejo barco y cruzar el Atlántico. Muy pocos se atreven a cambiar el mundo. Muy pocos se le atreven a la Libertad." 

Ellos, montados en ese barco de esperanza y con su bandera de libertad guardada en la maleta decidieron emprender la aventura, y llegaron a lo desconocido. No fue fácil, perdieron muchas cosas en el camino, y sin duda alguna que su mirada ya no fue la misma desde entonces, seguramente entre lo azul de sus ojos se denotaba una pizca de nostalgia por lo que quedó, por el país que los crió y que los vio ir, al cual muchos aunque quisieron, jamas pudieron volver. Sin embargo están aquí con nosotros, en cada miembro de esa enorme familia que somos los descendientes de galeses, están en cada celebración, cada vez que entonamos su himno, cada 28 de Julio bajo el amparo de esas paredes de ladrillos ajados por la tempestad del tiempo que cuidadosamente fueron levantados con manos curtidas por el viento frío de la Patagonia para formar esos lugares de reunión que hoy son las Capillas galesas a lo largo de la provincia del Chubut.

Sin duda que el objetivo fue cumplido, expresarse y profesar su fe libremente, hablar su idioma, cantar sus alabanzas, la bandera de libertad en la Patagonia flameó altiva, y atravesó barreras del tiempo, y llegó hasta nuestros días, para que como ahora celebremos cada 28 de julio recordando aquella obra de gran esfuerzo y valor.

Este es un día de reencuentro, de conmemorar las hazañas pasadas, y de planificar acontecimientos futuros. Es una oportunidad para el balance, para ver que nos falta, pero sobre todo para celebrar; celebramos que vinieron, celebramos que están presentes, celebramos que no claudicaron a pesar de las adversidades, celebramos lo que fuimos, lo que somos, lo que seremos, celebramos que a pesar de todo y de todos, todavía estamos aquí.

 

Gwyl y glaniad hapus i bawb!  

Er gwaetha pawb a phopeth dyn ni yma o hyd! 


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